
Ficción, belleza y amor.
Facedme, buen rey, justicia.
¡No me la queráis negar!
Rey que no face justicia,
non debiera reinar,
ni cabalgar en caballo,
ni con reina folgar,
no comer pan a manteles,
ni menos, armas tomar.
La desesperada Jimena Gómez / Romancero del Cid
A primera vista, la voz decisión inspira la idea del control sobre sí. Describe el instante mágico de quien, desde lo más sabroso del tiempo presente, hace un quiebre con la realidad; secciona, genera el pasado y, con ello, el futuro. Administra tiempos. Por eso es específicamente humano (perteneciente al ámbito de lo volitivo). Inconscientemente, las decisiones se vuelven las riendas que tenemos para encauzar el fatal caos de lo que consideramos desordenado. Y en el Derecho, la mayor cuna de este tipo de ejercicio, son las decisiones –en especial las decisiones sobre las decisiones- lo que separa lo justificado de lo derechamente ilícito, lo jurídico de lo anti-jurídico.
Resulta más o menos necesario entonces, según uno se avoque al estudio, análisis, preparación o toma de decisiones –y a esto último, nos avocamos todos diariamente-, revelar el gran secreto que encierra. En este trabajo nos esforzaremos en explicar cómo las decisiones, en cuanto despliegue de la voluntad (voluntad in praxis), no son más que obras de ficción. Y como tal, están sujetas a una valoración estética, ejercicio que finalmente atañe su relativa adecuación con el Amor. Para ello, haremos uso de la agudeza de Friedrich Nietzsche quien, desde su particular visión crítica, es el principal impulsor de los estudios y teorías de la voluntad.


